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El primer torneo de tu hijo — qué esperar y cómo acompañarlo

El primer torneo de tu hijo se vive desde las gradas. Qué esperar ese día, cómo acompañarlo sin invadir y cómo manejar el resultado, gane o pierda.

Alan Lorca
12 de julio de 2026
7 min de lectura
El primer torneo de tu hijo — qué esperar y cómo acompañarlo

El primer torneo de tu hijo — qué esperar y cómo acompañarlo

El día del primer torneo suele poner más nervioso al apoderado que al propio competidor, y tiene su lógica, porque tu hijo lleva semanas entrenando y sabe lo que va a hacer sobre el área, mientras que tú llegas sin saber bien cómo se vive una jornada así desde las gradas. Lo que viene es para ti, no para el atleta, ya que de la preparación deportiva hablamos aparte; aquí nos ocupamos de lo que te toca a ti, que es acompañar sin estorbar y sostener la calma en un ambiente que a ratos se pone tenso.

Un día largo, que se vive mejor con paciencia

Llega temprano, porque antes de cualquier combate hay acreditación, revisión de protecciones y a veces control de peso, y esos trámites toman su tiempo. Anda preparado para esperar, con agua, algo liviano de comer y ropa de abrigo, ya que los gimnasios suelen ser fríos y las horas muertas se hacen largas. Tu hijo competirá apenas unos minutos y pasará el resto del día aguardando su llamado, así que tu paciencia le ayuda tanto como cualquier consejo, porque si te ve mirando el reloj y resoplando cada media hora, esa ansiedad se le contagia justo cuando más necesita estar tranquilo.

Tu lugar está en las gradas, no en el área

Cuando por fin llamen su categoría, tu hijo estará acompañado por su instructor o por el rincón que designe la academia, y desde ahí se le dan las indicaciones, de modo que tu papel en la gradería es distinto. Gritar instrucciones técnicas mientras pelea rara vez ayuda, porque lo obliga a buscarte con la mirada, lo desconcentra y muchas veces contradice lo que su entrenador le está pidiendo, y un niño que escucha tres voces distintas termina sin escuchar ninguna. Lo que sí suma es tu presencia y tu calma, así que alienta cuando haya que alentar, aplaude un buen ataque y celebra el esfuerzo, pero deja la técnica y la estrategia en manos de quien lo preparó; si notas que los nervios lo superan antes de subir, un abrazo corto vale más que un repaso de último minuto, y si el miedo a competir lo supera, conviene recordar que es normal y que se trabaja con tiempo.

Cuando algo te parezca injusto

En algún momento del día vas a ver una acción que, desde la gradería, te parecerá mal cobrada, y aquí vale ser honesto contigo mismo, porque como apoderado no conoces las reglas del Taekwon-Do ITF, y esto no se trata de lo que a uno le parezca o de lo que uno cree que debería valer. Los umpires están capacitados para su función, conocen su trabajo y saben por qué marcan o dejan de marcar un punto, aunque desde lejos y sin el ángulo que ellos tienen no siempre se entienda igual. Cuando algo te parezca injusto, respira y guárdatelo, porque reclamar a gritos desde las gradas no cambia el marcador y solo pone más nervioso a tu hijo, y si quedaste con la duda, lo correcto es preguntarle después al entrenador qué pasó, ya que él sí maneja el reglamento y te lo puede explicar con calma.

El Taekwon-Do es un arte marcial con grados y con conductos regulares que se respetan también fuera del área. Si de verdad hay algo que plantear, nunca se hace directamente con los organizadores y menos todavía con los directivos de la federación, sino que se canaliza por la vía que corresponde, que es tu entrenador y tu academia, porque ellos saben cuándo y cómo presentar un reclamo formal si el caso lo amerita. Saltarse ese conducto rara vez prospera, deja mal parada a la academia que tu hijo representa y le enseña a él justamente lo contrario de lo que el TKD busca formar.

Por qué competir vale la pena

Quizás te preguntes si de verdad tiene sentido exponer a tu hijo a todo esto, y es una duda legítima, porque en Lorca competir nunca es una obligación y hay alumnos que disfrutan el Taekwon-Do durante años sin subirse jamás a un torneo. Para quien elige el camino competitivo, en cambio, competir es lo que convierte el entrenamiento en progreso real, ya que el tatami pone a prueba lo que en el dojang solo se ensaya, y esa presión frente a un rival desconocido acelera el aprendizaje técnico y mental como ninguna clase puede hacerlo. El deporte mismo necesita de esa competencia para mantenerse vivo, porque son los que compiten quienes elevan el nivel de toda la academia y le muestran a los más chicos hasta dónde se puede llegar.

Y ese camino puede llegar lejos, ya que varios de nuestros alumnos, algunos todavía niños, pasaron por su primer torneo con los mismos nervios que hoy sentirá tu hijo y con el tiempo terminaron subiendo a podios internacionales: en el Panamericano ITF 2025 disputado en casa trajeron dos oros y una plata en categorías individuales, y un año después, en el Sudamericano ITF Lima 2026, dos de ellos se colgaron el oro en combate frente al mejor nivel de la región. Detrás de esas medallas no hay solo mejores competidores, sino chicos que se volvieron más disciplinados, que aprendieron a sostener la frustración y a levantarse después de un mal combate, y que llevan esa seguridad al colegio, a la casa y al resto de su vida, porque ese primer torneo al que lo acompañas hoy es el primer escalón de todo ese camino.

Cuando gana y cuando pierde

El combate termina rápido y, gane o pierda, los minutos siguientes pesan más que el marcador. Si gana, celebra con él sin convertir la medalla en la única medida de lo que hizo, porque un niño que aprende que solo vale cuando gana lo va a pasar mal la primera vez que pierda, y esa vez llega tarde o temprano; si pierde, resiste las ganas de consolarlo en exceso o de buscar culpables en el arbitraje, el rival o el cansancio, ya que esa lectura le enseña a explicar la derrota mirando hacia afuera en lugar de asumirla de frente. La conversación más útil no ocurre en caliente, así que dale espacio para procesar lo que sintió, ofrécele agua y un rato de silencio, y más tarde, con la cabeza fría, pregúntale qué le gustó y qué le costó, porque un primer torneo se mide por lo que tu hijo se atrevió a hacer, subirse a competir frente a desconocidos y sostener los nervios, mucho más que por el color de la medalla que traiga a casa.

Lo que va a recordar

Con el tiempo los detalles del marcador se borran y queda otra cosa, que estuviste ahí, porque los niños recuerdan a quién buscaron con la mirada al terminar y qué cara encontraron, si una de orgullo por haberlo intentado o una de decepción por el resultado. Tu manera de vivir este primer torneo le enseña, sin que digas una palabra, qué significa competir y para qué sirve, así que si logras que asocie ese día con haberse atrevido y con tu apoyo, habrás hecho tu parte, y lo más probable es que no sea el último torneo al que lo acompañes.

Lorca Taekwon-Do

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